Vivir en familia en tiempos de pandemia

por Diana Ochoa

familia

El término familia se entiende como el grupo de personas formado inicialmente gracias a la unión de dos individuos que llevan una relación de pareja y que comparten un proyecto de vida. La palabra como tal proviene del latín familia que a su vez de deriva de famulus y con el vocablo pater familias logra una especia de asociación que corresponde a el “conjunto de personas que comen en la misma casa y que el jefe (pater familias) tiene el deber de alimentar”.

Por definición de familia, es la comunidad natural con bases afectivas conformada por madre, padre e hijos que guardan un vínculo de sangre o legal. Es la organización social más importante a la que puede pertenecer el hombre. Se nos ha enseñado que la familia es la célula principal de la sociedad.

Escudriñemos algunos datos curiosos sacados de Wikipedia (se que no es el mejor referente).      

  • El familiarismo ha sido atípicamente definido como una “estructura social donde… los valores de una familia se llevan a cabo en más alta estima que los valores de los miembros individuales de la familia.”
  • El periodista estadounidense Marty Nemko considera que la familia está sobrevalorada.      “Creo que la familia está sobrevalorada. Muchas personas sufren excesivamente desde la familia… / Millones más gastan años y fortunas en terapeutas, tratando de deshacer los males que la familia perpetró en ellos”.  

Así vista, la familia es, tanto en tiempos de covid19, como en cualquier tiempo, un espacio de convivencia donde impera la falta de equidad, el juego de poder y por tanto la violencia. Muchos podremos identificar estos conceptos a Invasión, ahogo,  la pandemia actual: 

Revisemos algunos enunciados claves como:

  • Desde su raíz latina la familia refiere a esclavitud y al comer juntos por hambre que sólo sacia el Pater, desde la obligatoriedad. Entonces la familia existe solo por conveniencia de los necesitados y de quien da y de éste para saciar su hambre de poder. Esta concepción, hoy día (aunque se exprese de otro modo), es una violación a los derechos humanos más elementales. De sagrado nada, porque es perversa su base, no priva el amor como modo de relación, sino la necesidad y el poder.
  • La sobrevaloración de la familia la convierte en un fetiche, en un ídolo con el que se ha de cargar y, los ídolos pesan y viven de sus víctimas*. Este enunciado, uno de los más duros de tragar, pero es fundamental para entender porqué la comunidad humana, viene desde hace rato quebrándose, desintegrándose, hipnotizados por la idolatría. Al fetiche nos sometemos, pero con rabia, no con libre obediencia, por tanto, llegado el momento, dejamos de cargarlo, dejándole caer o trepamos para convertirnos en él. 
  • Como estructura social, los valores de la familia son más estimados que los de cada uno de sus miembros. Suena contradictorio, porque si la familia es el producto de las relaciones entre sus miembros, entonces solo y solo si, si los valores de cada miembro son estimados, la familia gozará de valores estimables en virtud del aporte de quienes la constituyen.

¿Existe la posibilidad de construir una familia equitativa, respetuosa, donde cada miembro sea tan valioso como la familia como un todo?

Si.

Y ese si responde a la evidencia empírica de conocer familias que rompieron con estas concepciones y enunciados y se transformaron en familias humanizadas y por ende humanizadoras. Familias que fueron entendiendo que, si quieren responder a ese ser “célula fundamental del cuerpo social”, se deben por interdependencia, hacer posible que el bien de la familia sea el bien propio, porque el amor se realiza en esa relación**, no como algo abstracto. Así pues, cada miembro de una comunidad estructurada en base a este amor, 

  • Mantiene su lugar y su dignidad personal.
  • Cuida su espacio de crecimiento, incluyendo el espacio de los demás.
  • No invade, no contagia de mal espíritu a los otros.
  • Propicia la apertura por donde todos respiran.

La familia, así experimentada es, antes que nada, una comunidad que aprende a expresarse con libertad, a escuchar y dialogar; que encuentra lo que es común y construye ese proyecto, lo acciona, lo evalúa y lo celebra.

Este es el hogar donde se puede encontrar la protección ante la amenaza del covid19 y ante cualquier otra amenaza.